
Kenny nació con una extraña condición llamada agenesis sacral, por la que lo médicos tuvieron que amputarle las piernas y la parte inferior del torso cuando tenía sólo seis meses de edad, circunstancia que hace más que improbable que él sea el padre de la chica. Y es que, debido a su condición, los médicos necesitaron los huesos de sus piernas para completar su columna vertebral.
Tenía una expectativa de vida de 21 años, pero ha llegado hasta los 35 años y por ahora goza de buena salud. Además, juega al billar y a los bolos, va al trabajo, y camina con las manos como le enseñó su padre.
Pero Kenny aún tiene un sueño: “Quiero tener un hijo que porte mi nombre. Alguien que lleve mi legado y pueda decir ‘bueno, ese es mi papá’”, se expresa esperanzado.
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