
Entró en quirófano y tras comprobar que no había sufrido daños cerebrales, le quitaron la llave. Sin embargo, lo que dejó a todos perplejos es que al cuarto de hora de la intervención descubrieron que el niño no había perdido la vista del ojo afectado.
La madre del niño ha dicho que nunca se le va a olvidar el momento en que su hijo empezó a gritar ya que nadie está preparado para algo así creyendo que el daño era irreparable. Uno de los hermanos recordaba como miró a Nicholas y vio a éste poco menos que convertido en una cerradura, mirándole a su vez con una llave dentro del ojo y el resto colgando. "Es horrible ver que algo así le pasa a tu bebé", afirmaba la madre.
Tras permanecer tan solo seis días en el hospital, Nicholas fue trasladado a su domicilio y a día de hoy ya está completamente recuperado. La familia no se cansa de repetir que ha sido un milagro.
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